Una codorniz que habla, una madre que se está convirtiendo en cama y un espantapájaros que olfatea bajo su falda, son los personajes que acompañan a Nubia.

Rosaro Reyes | El Sol de México

A través de la historia de Nubia, una niña jornalera, quien va descubriendo desde su entendimiento y curiosa imaginación, las particulares circunstancias en que se encuentra, la dramaturga y directora Jennifer Zamora comparte en su primer montaje teatral El día que Nubia se convirtió en pájaro, su propia experiencia como niña violentada.

Una codorniz que habla, una madre que se está convirtiendo en cama y un espantapájaros que olfatea bajo su falda, son los personajes que acompañan a Nubia, quien a decir de Jennifer Zamora, representa a “los niños que están en situación de marginación social, que tienen una familia rota, tal vez un padre desparecido, solamente tienen a una figura o no tienen ninguna, ni paterna ni materna, que no tienen acceso a la educación, que incluso su libertad se ve privada y pueden ser víctimas de ciertos abusos”.

La dramaturga y directora menciona que los niños, al no ser autónomos, “muchas veces son violados sus derechos y los abusos pueden ser muy graves. La obra está basada en el poblado Miguel Alemán, en Sonora, que es uno de los sitios con más marginación del país, hice trabajo de campo en la zona, la conozco muy bien porque viví un tiempo ahí y es un reflejo de cómo se encuentran esos niños”.

Además, El día que Nubia se convirtió en pájaro, es el primer trabajo literario que lleva a la escena como parte del proceso de sanación que ah vivido tras sufrir abuso sexual cuando ella era niña. Si bien reconoce que un trauma así no se supera nunca del todo, asegura que ahora su interés está en visibilizar esa vulnerabilidad de la infancia, particularmente en las niñas.

“Quiero transformar todo lo que a mí me pasó en algo artístico que pueda hacer conciencia, hacer visible lo invisible, porque si no lo contamos nadie se entera, nadie hace nada, nadie lucha, no nos cuidamos, cualquiera puede llegar a transgredir, a violentar a los niños. Es una huella que no se borra, pero lo que sí puedes hacer es no vivir en el sufrimiento; ayudar a otros para que eso ya no pase, es lo que me da fuerza”.

Esta obra es un llamado de alerta, finaliza Jennifer Zamora. “Considero que los padres tienen que estar muy atentos a las señales que mandan los niños cuando alguien los está acosando, los está agrediendo o sus derechos son violentados, sobre todo atención, si estamos atentos, podemos resguardar a nuestras infancias”. La compañía Carozo Teatro presenta esta puesta en escena con las actuaciones de Karina Maya, Luna Xiadani y Ariadne Afonseca en el Foro Bellescene (Zempoala 90 colonia Narvarte), los jueves a las 20:30 horas en una breve temporada hasta el 12 de mayo

Categorías: Cultura

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